Tecnología

Pandemia 1.16

La ciencia está demostrando que la fe que pusimos en ella es irracional: miles de millones de personas piden diariamente la aparición de la vacuna contra el COVID19 -la versión moderna de Satanás-, sin que se anuncie el milagro. Esos científicos que lo saben todo, que hacen diagnósticos especializados de las poblaciones, que crean medicinas -a veces necesarias, otras dañinas-, no están a la altura de su fama. Hasta hoy, lo único que sabemos sobre el virus, es que no sabemos nada. Esa postura tan alabada en los filósofos por ser un reconocimiento de su propia ignorancia, en los científicos -acaparadores de una buena parte del presupuesto mundial- se convierte en una vergüenza.

Los que han apostado y desarrollado la tecnología tampoco han mostrado un gran desempeño: a pesar de los viajes a otros planetas y de las computadoras hablantes, la única medida que proponen contra la pandemia es la misma que aplicaban las sociedades medievales: Quédate en casa.
Pero tanta casa y tanta parálisis nos está ahogando; desde que cae la tarde nuestros movimientos empiezan a ser automáticos y buscamos temas para alejar a la conciencia de los titulares del día, pregoneros del apocalipsis.Con esa compañía, no es extraño que el sueño se tome su tiempo para acudir a nuestros ruegos. Mientras, pensamos. No sé qué convierte a la noche en un escenario siniestro en el que cada pensamiento se impregna de oscuridad y silencio; cada minuto que pasa sin conciliar el sueño aumenta el desasosiego.

Volviendo a los hacedores de milagros que han inventado videollamadas y batimóviles, quiero hacer una petición: una app que convierta la noche en día, un sol que ilumine y caliente, un cielo azul, luz de día, con eso bastaría para recuperar la esperanza y abatir el terror de las madrugadas. Con esta nueva aplicación, el insomne ganaría al incrementar el tiempo productivo: tendría unas cinco o seis horas más para trabajar, leer o ver una película sin fantasmas nocturnos y sin voces que le exigieran dormir. Apenas despertara, digamos, a las tres de la mañana, en vez de apretar los ojos y simular que duerme, se levantaría, prepararía un café y empezaría el día con un sol radiante que disuelve las especulaciones y los miedos.

No me digan que es una locura; mucho mayor es la locura de quienes dan órdenes a sus aparatitos sumisos: Alexa, prende la luz, Alexa, comunícame con mi amante sin que se entere mi marido; Siri, llévame adonde nadie me conozca. Es hora de que esas súper mujeres sean el medio para una vida nueva: Siri, que empiece el día, Alexa quítame las ganas de dormir y sustitúyelas por ganas de vivir. Las personas hemos sacrificado mucho por los avances tecnológicos que se han traducido en desempleo, obsolescencia programada, aceleración, perdida de habilidades… es hora de compensarnos con un control individual del tiempo que extinga el insomnio.

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